sábado, 17 de abril de 2010

Cálculos renales (2)


Viene del Capítulo 1

Tres días después de que un doctor malayo me hiciese un ultimátum un tanto duro y me mandase a casa con 4 tipos de pastillas, una dieta "saboría" y cantidades ingentes de agua, el viernes 9 de abril volví al hospital: "Vamos a ver si hay suerte y me dan buenas noticias".
Lo cierto es que iba a ser complicado que hubiese buenas noticias porque yo seguía notando la piedrecilla ahí atrancada, un poco por debajo del riñón (porque cuando eres tan aprensivo como lo era yo, esas cosas se notan).

Unas 3 horas después de llegar al hospital y habiéndome hecho ya un escáner, el urólogo lo pincha en la pantalla esa que se ilumina y me confiesa "la piedra no se ha movido ni 1 cm, y como puedes ver, el uréter ya está algo afectado".

Mmmhh me temo que tiene razón. Lo estaba viendo con mis propios ojos.
Pero lo peor eran las consecuencias.

"...así que tienes que entrar al quirófano. Mañana ya tengo pacientes, así que ahora mismo te ingresamos y entrarás al quirófano esta tarde. Firma aquí, espera ahí fuera y las enfermeras te llevarán a tu habitación".

Demasiada información junta, y completamente nueva para mí. Me entró un temblequeo moderado. "¿Tienes frío?", me dijo una enfermera que había por ahí. Le respondí "No es exactamente frío lo que tengo ahora...". Eran las 2:00 PM, me faltaban 3 horas justas para entrar al quirófano.

Media hora después estaba en el otro ala del hospital, con una muñequera de papel con mi nombre y un código de barras, entrando con una enfermera en la que iba a ser mi habitación. Por primera vez en mis 25 años, estaba siendo ingresado en un hospital. Y eso da mucha impresión.

"Pero... ¡¡pero si esto es como un hotel!!" Salvando la cama, típica de hospital, con agarraderas y botones de subir y bajar, el resto de la habitación (individual, por cierto) parecía verdaderamente de lujo: Con su moqueta, su butaca, su armario, sus sillas y mesa... su tele por satélite...

¡Y con vistas a las Petronas y la Menara! Aunque aquí había monzón...

Mientras admiraba la habitación, una enfermera entró y me dió un camisón rosa de los que se atan por detrás. "Te tendrás que quitar todo y ponerte esto cuando te bajemos al quirófano". Efectivamente, el camisón es de los que enseña todo por detrás. Menos mal que me iban a bajar tumbado en la cama.

Después de unas llamaditas, llegaron las 5:00 PM, y las enfermeras y los celadores vinieron a buscarme. Llegaba la hora de la verdad.

Arrancando motores, que nos vamos

Durante todo el trayecto hasta el quirófano me dediqué a ver pasar las luces del techo (como en las películas) sin decir ni una palabra de puro acojonado que estaba. El doctor me iba explicando: "El uréter tiene un estrechamiento que funciona a modo de válvula. Lo normal es que el instrumental que tenemos no quepa por ahí, así que habrá que poner un dilatador entre la vegiga y el riñón, y dos semanas después, volver para terminar la faena". O sea que encima, la operación va a ser "por fascículos".

Abajo del todo (porque los quirófanos deben estar siempre en el sótano, cosa de los arquitectos que les da por ahí) estaba muy frío, y el aspecto ya era bien diferente que arriba: Enfermeas y celadores con sus batas, máscaras y gorros, todo esterilizado, muchísimo material clínico de ese que antes me mareaba sólo con verlo... Después de cambiarme de camilla con una especie de intercambiador, me metieron en la sala (o teatro, como se le llama en inglés) con las máquinas y el foco enorme que apunta al enfermo. Vamos, el quirófano en sí.

Me pusieron un respirador. Pensé "ahora me dormiré". Pero no. Entonces me cogieron una mano para ponerme una vía. Tras el pinchazo, empecé a notar cómo una ola de frío se acercaba lentamente desde mi mano, recorriendo el brazo, hasta el cuerpo. Miré, y la mano seguía ahí, así que descarté el hecho de que me la estuvieran cortando. Pregunté a la enfermera "Eso sí es la anestesia, ¿no?". Me respondió "sí".

Y la anestesia debía ser buena (o al menos normal), porque ya no recuerdo nada.

Lo siguiente que recuerdo sería ya a las 7:30 u 8:00. Cuando medio-abrí los ojos, el doctor me estaba enseñando en su móvil una serie de fotos de mi uréter por dentro, tal como lo mostraba la máquina aquella. Me llevaron a mi habitación de vuelta y me dijeron que bebiese mucha agua, me pusieron la cena, me enchufaron otra vez a la máquina de goteo intravenoso, y buenas noches.

Esa noche dormí poco y mal. Cada vez que iba al baño, veía las estrellas de dolor, así que intentaba no ir mucho. La máquina de goteo hacía ruido. La vía en mi muñeca me dejaba la mano medio adormecida y con sensación de hormigueo que no se va. Además, me daba un miedo tremendo arrancármela por accidente al dar una vuelta en la cama. Vamos, que no sé ni cómo dormí.

Pero durante los siguientes 5 días que estuve ingresado, las cosas mejoraron sustancialmente: El dolor se hizo bastante moderado y puntual, la comida era buenísima (a diferencia de lo típico de los hospitales, esta era como de restaurante, y a la carta), tenía tele por satélite y WiFi, las enfermeras eran muy simpáticas y más atentas, y mis amigos vinieron a verme en varias tandas.

Aún tirado en la cama, nada como los amigos para levantar el ánimo

Mil gracias a JuanGe, Fernando, Jose y Seda, Hugo y Shireen, Celia, Adri, Alex, Natália y Álvaro.

Así que el martes 13 de abril, el doctor me mandó de vuelta a casa, con baja médica por una semana: "El lunes que viene vuelves, vemos qué tal anda eso, y decidimos la fecha para volver al quirófano". Ya me olía yo que me querían echar, que ese día me despertaron las enfermeras a las 6:30 AM para hacerme un análisis de sangre. "¿No se puede sacar por la vía esta que tengo pinchada? ¿Entonces para qué vale?" Entonces entendí la ironía: "Claro, me siguen pinchando para que me harte y me vaya". En fin...

Y en estas ando ahora mismo. El lunes volveré al hospital a revisión, a confirmar que la piedra no se ha escapado, y a poner la fecha de la operación definitiva, que consistirá en sacar el dilatador y romper la piedra con láser, y que será muy probablemente ese mismo viernes.

Continúa en el Capítulo 3

6 comentarios :

Vicente dijo...

Jago tío! Muchos ánimos, joder, qué mal rato y menudo susto debiste pegarte!

Justo me acabo de comprar un vpn privado y tu blog es lo primero que visito para probarlo (miento, primero fue youtube).

Espero que todo vaya muy bien y estés pronto recuperado al 100%. Un abrazo desde Pekín!

Vicente

Paris dijo...

Vemos que al final estabas contento ;) y que te trataron mu bien. Yo no me acuerdo de cuando me pusieron una vía, pero el día que me la pongan sin duda me acordaré de tu relato! Suerte con la fase láser!

LAURA MESA dijo...

Nunca sabe uno lo que puede aguantar eh???????ya está chupao,pasó lo peor,el susto!!!!!!!!!!!!!!!un último empujón y ya está.Desde aquí un millón de ánimo para terminar ésto bien.MUAK MUAK!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Henry Warnimont dijo...

Hey Jago! Caray, si que las has pasado putas macho! Cuando leí lo de la piedra no me preocupé mucho, a mi hermana la pasó una vez y no tuvieron que operarla. Solo guardar cama como un par de semanas y tener una dieta muy aburrida. Me imagino que era bastante más pequeña!

Bueno tío, ánimo, y dentro de nada nos marcamos unas buenas playas del sudeste para empezar con buen pie tu nueva vida sin piedras!

Juan J. Baca dijo...

Jooder Jago... así como lo cuentas parece toda una aventura! yo quieroo! jajaja q mal q lo debes estar pasando! Nada tío, aguatita pal cuerpo y a tirar palante! Ya por estos días estarás por escribir el desenlace! Estaré pendiente! Un fuerte abrazoo! ;)

Anónimo dijo...

Jago! ya estas curtido tio, me alegro de que estes bien, espero verte lo antes posible, vale

no prometo nada pero intentare lo de ir a verte que me tienes que enseñar esa cicatriz, un abrazo y cuidate (aunque ya se que lo haces)

David de Miguel