lunes, 24 de mayo de 2010

Cálculos renales (3 y final)


Viene del Capítulo 2

Aunque me he hecho de rogar dándome vacaciones de muchas cosas, la historia de la piedra al riñón tenía que terminar.

Dos semanas después de la primera pasadita por el quirófano para colocarme un "stent" en el uréter, el lunes 26 de abril tocaba volver al hospital — a quitarlo (y a ver qué había sido de la piedra). Esta vez, por alguna razón estaba convencido de que la piedra ya no seguía ahí; que se habría disuelto con las pastillas que me dieron en el hospital, o bien se habría reducido lo suficiente para haber acabado largándose "por vías naturales".
Pero al llegar al hospital, esa convicción tardó en irse tanto como tardan en imprimirse los escáneres de CTU: unos 5 minutillos.

Con la foto reciente de mi uréter bajo el brazo, me fui a la zona de la clínica de urología para dársela a las enfermeras. Por cierto, ya me conocen todas por aquí y se saben mi caso, mi nombre, mi trabajo y seguro que alguna incluso me ha visto medio desnudo y dormido en el quirófano; a parte del hecho de que no tengo que decir mi número de caso ni sacar la tarjeta del hospital cada vez porque me reconocen, no estoy seguro de si un conocimiento tan "a fondo" tiene más ventajas... en fin.

Volviendo al tema, la enfermera cogió el escáner y me dijo "ven, hoy te quedas en la clínica de Cuidados Diurnos". "Estooo... ¿cómo que cuidados diurnos? ¿No me voy a quedar a dormir esta noche en el hospital?" "No, hoy te mandamos a tu casa a dormir".
¡Menuda colección de sensaciones que me llegaron juntas! Por un lado, no me veía saliendo del quirófano y yéndome a mi casa 2 horas después, con el atontamiento de la anestesia general... y con opciones de volver a tirarme un tiempo "meando sangre". Y por otro lado, esta vez ma había ido al hospital equipado con mi portátil y todo para el tiempo que estuviese allí... ¿Y ahora resulta que tras la operación me volveré a casa "con lo puesto", medio atontado y con todos los bártulos a cuestas? Pues nada, a ver si en la clínica de cuidados diurnos tienen al menos un armario para dejar todo esto guardado mientras me operan...

Al llegar, por alguna razón me pareció que esa zona no estaba a la altura del resto del hospital; no sé, eso de ver otras camas con otros enfermos por ahí... no estaba yo acostumbrado. "Hasta la hora de entrar al quirófano, te quedarás en esta cama. Quítate la ropa y te pones esta bata y este gorro". Qué familiar me resultaba ese atuendo...

Tras 15 minutos tirado en la cama con el disfraz de "voy a ser operado en breve y medio en pelotas" y muriéndome del aburrimiento, decidí que al menos iba a darle uso al ordenador, aunque fuese un ratillo, que para eso hay WiFi.

Más o menos 2 horas después apareció mi doctor por allí: "¡Hombre doctor, qué tal! Parece que me quieres perder de vista rapidito y mandarme a casa hoy, ¿no?" [no le hablé así exactamente pero fue algo parecido] "No, no, creo que ha habido un error. Esta noche al menos deberías quedarte aquí". ¡Qué alivio me entró! "Oh, claro, ya me parecía a mí que era raro eso de irme hoy mismo". Así que nada, otras dos firmitas (una para el quirófano y otra para ingresarme), y un par de celadores me llevaron en la cama hasta la habitación. Mucho mejor ahora, a dónde va a parar.

En cuanto me dejaron en la habitación a solas, me acordé de algo que me dejé pendiente la vez anterior: una foto en condiciones de las vistas desde mi habitación

Me encantaba esta vista: La Menara, las Petronas, y el helipuerto del hospital

En fin, tal como estaba planeado, a eso de las 5 de la tarde vinieron a buscarme para bajarme al quirófano; todo igual que la vez anterior (luces en el techo, frío tremendo al llegar al sótano...), pero con una diferencia: Ya no estaba muerto de miedo. Ya sabía cómo iba a ir todo antes [suponía el durante] y conocía el después. Así que vía pinchada en la mano, ola de frío por el brazo... y a dormir.

Al recuperar la consciencia, me enseñaron un frasco con el stent que había sido parte de mí durante 2 semanas, y otro con... ¡¡oh Dios mío!! ¡la piedrecilla! ¡la he parido, por fin! Da un poco de repelús: es pequeñaja (pero lo justo para haberse quedado atrancada en mi uréter y causar un dolor muy serio), marronácea, y con las esquinas puntiagudas. Parece mentira que algo tan pequeño pueda dar tantos problemas.

El bueno y el malo juntos... pero ambos resultaban molestos

Pero las sorpresas no se habían acabado aún, y digamos que me encontré con algún "elemento extra" con el cual no contaba, tremendamente incómodo, y que no describiré por pura decencia (aunque quienes me conocen ya saben de lo que hablo). "¿¿Y esto??" "Aunque veas esto aquí, llega hasta otro stent que hemos puesto en tu uréter, y es para evitar ciertos problemas que podría tener en las próximas 48 horas" "¿¿Que tengo que tener esto dos días?? Madre mía..."

Efectivamente dicha cuestión era tremendamente incómoda, y durante la noche decidí que no iban a ser 48 horas, que tenía que ser menos por narices, vamos, 24 horas como mucho. Así que a la mañana siguiente, sabiendo cómo va el procedimiento, cuando me trajeron el desayuno dije "No puedo, tengo que ayunar porque hoy me bajan al quirófano." El chico me dijo "¿Ya le han firmado la entrada?" y yo le respondí con tanta convicción como pocas veces en mi vida "Aún no, pero será en las próximas horas fijo".
Mi plan era pillar por banda al doctor cuando viniese, decirle que estaba demasiado incómodo (y no le estaba mintiendo en absoluto) y que me quitase eso hoy mismo. La clave era que cuando me dijese que tendría que haber ayunado desde por la mañana, le respondería "Ya había pensado en eso, y es lo que he hecho".
Y aunque el doctor se retrasó muchísimo ese día (y yo ya tenía las tripas rugiendo y estaba incluso planteándome mandar el plan a tomar po'l saco y al menos comerme un buen filete), la jugada me salió exactamente como lo planeé.

Así que esa misma tarde, vuelta al quirófano, vuelta a dormir con anestesia general (creo que me estaba empezando a hacer adicto)... y fuera incomodidades.

A la mañana del día siguiente el doctor me aseguró que todo iba bien, y que ese mismo día me mandaba a casa. "¿Tan rápido? ¿Y si algo va mal?" "Nada va a ir mal, te puedes ir a casa sin problema". Creo que este señor también se había cansado de verme...

Y lejos de ser el final de la historia, ha sido el principio de tropecientos tests y revisiones de la evolución del asunto, pero en ninguno de los casos con un contenido tan apasionante como el de las pasadas por el hospital... o al menos como yo he hecho que parezcan :)

3 comentarios :

Reena dijo...

Y yo que pensaba que seria un pedruzco!

Pelocha dijo...

suena doloroso...

Pepa dijo...

Esta entrada es ya antigua y no se si veras el comentario, pero no puedo evitarlo: me ha recordado mucho mi paso por quirofano en Dakar (apendicitis), solo que lo mio fue mucho peor. Me desperte de la anestesia berreando como una loca, no se muy bien por que, pero era como una pesadilla; la cosa esa "innombrable" que te pusieron a ti tambien (jeje) me la "intentaron" poner "sin anestesia" a los dos días de la intervención: me dolió tanto que grité "¡quítamelo! ¡quítamelo!"; y también tuve un par de dias un drenaje que me lo quitaron sin anestesia y tambien fue muy doloroso... uf...